La fama universal de Su Divina Gracia A. C. Bhaktivedanta Swami, conocido más tarde como Srila Prabhupada, iba a manifestarse después de 1965, tras su llegada a América. Antes de salir de la India, había escrito tres libros; en los doce años siguientes iba a escribir más de setenta. Cuando salió de la India había iniciado a un discípulo; en los doce años siguientes, iniciaría a más de cuatro mil. A su salida de la India, apenas hubiese creído nadie que podría realizar su visión de una asociación mundial de devotos de Krishna; pero en la década siguiente fundaría y mantendría la Asociación Internacional para la Conciencia de Krishna, y abriría más de cien centros. Antes de embarcarse para América, no había salido nunca de la India; pero en los doce años siguientes daría varias veces la vuelta al mundo propagando el movimiento para la conciencia de Krishna.
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Aunque pueda parecer que la contribución de su vida se produjo en un estallido tardío de logros espirituales revolucionarios, los primeros sesenta y nueve años fueron una preparación para aquellos logros. Y aunque para los americanos, Prabhupada y sus enseñanzas fueron una desconocida y repentina aparición («Parecía como el genio que surge de la lámpara de Aladino»), era el resuelto representante de una tradición cultural secular.
Srila Prabhupada nació el 1 de septiembre de 1896, en Calcuta, India, con el nombre de Abhay Charan De. Su padre fue Gour Mohan De, un comerciante de tejidos, y su madre fue Rajani. Sus padres, siguiendo la tradición bengalí, encargaron a un astrólogo el horóscopo del niño, a cuya lectura se llenaron de júbilo. El astrólogo hizo una predicción muy concreta: cuando aquel niño tuviese setenta años, cruzaría el océano, sería un gran defensor de la religión, y abriría 108 templos. La casa de Abhay, en el número 151 de Harrison Road, estaba en el sector indio del norte de Calcuta. El padre de Abhay, Gour Mohan De, pertenecía a la aristocrática comunidad de comerciantes suvarna-valik. |
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Del otro lado de la calle, frente a la residencia de los De, había un templo de Radha-Govinda, en el que durante los últimos ciento cincuenta años, los Mullik –familiares de los De- habían mantenido la adoración de Radha y Krishna. Varias tiendas dentro de la propiedad de Mullik proporcionaban una renta para la Deidad y para los sacerdotes encargados de la adoración. Todas las mañanas, antes del desayuno, los miembros de la familia Mullik visitaban el templo para ver a la Deidad de Radha-Govinda. Ofrecían arroz cocido, kacauris y verduras en una gran fuente, y distribuían el prasadam entre los vecinos que visitaban a las Deidades por la mañana. Entre los visitantes de cada día estaba Abhay Charan acompañando a su padre, a su madre o a un sirviente.
Gour Mohan era un vaisnava puro, y educó a su hijo para que fuese consciente de Krishna. Puesto que sus propios padres también habían sido vaisnavas, Gour Mohan no había probado nunca la carne, el pescado, los huevos, el té ni el café. Era de tez clara y disposición reservada. Por la noche, antes de cerrar su tienda de tejidos, dejaba un cuenco de arroz en el suelo, en medio del local, para que comiesen los ratones y así no royesen las telas debido al hambre. Al volver a casa, leía el Caitanya-caritamrita y el Srimad-Bhagavatam (las escrituras principales de los vaisnavas bengalíes), cantaba con sus cuentas de japa, y adoraba a la Deidad de Sri Krisha. Era amable y afectuoso, y no castigaba nunca a Abhay. Incluso si se veía obligado a corregirle, primero se disculpaba: «Eres mi hijo y ahora debo corregirte. Es mi deber. Hasta el padre de Caitanya Mahaprabhu Le reñía. De manera que no te preocupes».
Prabhupada conservó siempre en su memoria el recuerdo de su padre adorando con devoción a Sri Krishna. Recordaba que cuando su padre volvía a casa por la noche, tarde, de la tienda de tejidos, adoraba fielmente a Sri Krishna ante el altar familiar. «Nosotros estábamos durmiendo –recordaba Prabhupada– y mi padre llevaba a cabo el arati. Oíamos el ding, ding, ding; oíamos la campana, nos despertábamos y le veíamos postrándose ante Krishna.»
La madre de Abhay, Rajani, tenía treinta años cuando él nació. Como su marido, venía de una familia vaisnava-gaudiya muy antigua. Ella tenía la piel más oscura que su marido, y mientras que él era de disposición serena, la de ella tendía a ser fogosa. Abhay vio a sus padres vivir juntos en paz; ningún conflicto conyugal profundo, ni descontento complicado, amenazaron jamás su hogar.
Rajani era casta y con ideas religiosas, un modelo de ama de casa en el sentido védico tradicional, dedicada al cuidado de su marido y de sus hijos. Abhay observaba los sencillos y conmovedores esfuerzos de su madre para asegurar, con votos y oraciones, que él siguiera viviendo. Como Gour Mohan, Rajani trataba a Abhay como al hijo predilecto; pero mientras su marido manifestaba su cariño con su benevolencia y sus planes para el éxito espiritual de su hijo, ella manifestaba el suyo con sus tentativas de proteger a Abhay de todo peligro y enfermedad, y de la muerte. |